Acción para atender la desigualdad social

Si en algo no hay controversia es en la marcada concentración de ingreso en el 1% de la población y su desigualdad al resto de la población, el 99%. Para subrayar la diferencia, artículos de prensa y opinión argumentan que la riqueza de los billonarios principales del mundo podría erradicar la pobreza en continentes completos.


La política pública de igualitarismo aparenta ser distante a nuestro presente y ciertamente fuera del alcance de este comentario ó su propósito. Mientras se luchan las guerras de ingreso, personas de carne y hueso enfrentan problemas reales que requieren atención inminente y solución sostenible. Más allá de discutir males en sí, corresponde discutir cómo canalizamos ayuda específicamente a los más vulnerables dentro del 99% al entablar válvulas y ajustes en nuestra sociedad, ahora.


La filantropía no es cosa nueva. Entre las personas y empresas que han masificado capital por destreza o casualidad, algunos cuentan con compromiso social y encausan fondos de la necesidad social que, según su visión, es donde más ayuda hace falta. A medida que enfrentamos nuevos retos geopolíticos, la distribución efectiva de ese capital debe dedicarse a organizaciones bona fide con un historial de resultados a las personas en necesidad. Corresponde establecer las válvulas efectivas para canalizar la redistribución a aquellas personas, familias y comunidades con mayor complejidad de retos.


En tiempo recientes hemos visto su evolución con los medios digitales. Donación a través de plataformas de crowdfunding dieron paso a esa evolución en la década pasada. Notablemente, GoFundMe para causas personales y Kickstarter para ideas nacientes. En Puerto Rico, Antrocket se emprendió a lograr ambas. Esos canales de financiación en grupo dieron paso a la eventual tecnificación directa a las páginas y sitios de organizaciones sin fines de lucro.


Si bien estas iniciativas atienden un espacio, otras toman rutas diferentes. Somos del parecer que el enfoque debe ser centrado en la persona y con un fin de atajar los problemas en su raíz. Si no nos colocamos en el cuadro completo de retos que una persona enfrenta, entonces resolvemos un reto sin encontrar el origen del problema. Suena como una premisa ingenuamente ideal. Incluso, tal vez suena como un fin utópico inalcanzable, pero postulamos que a lo mínimo es el próximo paso de la evolución social.


Las necesidades sociales, o dicho de otra manera, los problemas que enfrenta una persona pueden tener distintas causas con distintos orígenes. Retos físicos como falta de movilidad por incapacidad, de comportamiento con un origen de desbalance químico, social como retos de acceso a una educación en los primeros cuatro años de edad, inestabilidad alimentaria o soledad con raíz en las circunstancias o genéticos como la dislexia pueden estar entrelazados o ser agravantes el uno del otro.


La filantropía del siglo pasado se enfocaría en financiar asistencia de una causa social sin atender las otras, mientras que hoy en día podemos entender la situación holísticamente. Centrados en la persona y su entorno, podemos enfocarnos en soluciones a base de una visión completa para encaminarla al bienestar. Si los retos de una u otro, son retos que se repiten en aquellos en proximidad, pues entonces sabemos que la solución para uno es solución para muchos. Con una visión centrada en la persona, de pasos de hormigas brincamos a pasos de elefante para beneficio del individuo, la familia, la comunidad.


Entender estos conceptos por todos, en el 99% y en el 1%, puede tener un efecto trascendental en Puerto Rico. Crear las válvulas correctas es imprescindible para nuestra Isla. Tanto la canalización efectiva de fondos y abrazos comunitarios coordinados, viabilizan con vitalidad viral ese próximo paso hacia ayuda a uno u otra, y por tanto, a muchos y muchas. Organizaciones bona fide y medios confiables son organismos vitales para lograrlo. El bienestar individual y social necesariamente es nuestro Norte.


Diego Loinaz

Licenciado y fundador de Sociants



Publicado en El Vocero, martes 25 de diciembre de 2021

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